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Fecha de respuesta: Sábado 21 de Abril de 2012 14:36 2012-04-21 14:36 desde IP: 201.164.149.192
esperando sean recibidas sin perjuicios a los borrachitos que andan despotricando en esta y otras consultas les envio estas reflexiones:
Cuando albergábamos rencores y planeábamos venganzas por esas actitudes ajenas, lo que hacíamos realmente era golpearnos a nosotros mismos con el garrote que blandíamos para los demás. Aprendimos que si nos veíamos seriamente afectados, nuestra primera necesidad era calmar ese estado de perturbación, sin importarnos la cosa o persona que lo había causado.
La Convicción y la Transigencia
Uno de los requisitos para llevar una vida útil es el "dar y tomar" la habilidad para transigir alegremente. La transigencia nos resulta difícil a nosotros, borrachos de "todo o nada". No obstante, nunca debemos perder de vista el hecho de que el progreso está casi siempre caracterizado por una serie de acuerdos encaminados hacia lo mejor.
“Por supuesto, no siempre podemos llegar a un acuerdo por transigencia. Hay circunstancias en las que es necesario aferrarnos tenazmente a nuestras convicciones hasta que se resuelva la cuestión. El decidir cuándo se debe y no se debe transigir siempre exige el más agudo discernimiento.”
“en nuestros días de bebedores éramos personas dispuestas a la ira, a la hostilidad, la rebelión y la agresión. Y aunque ahora estamos sobrios, los viejos moldes de conducta todavía están en nosotros en cierto grado, siempre amenazando explotar con cualquier buen pretexto.”
“si la crítica es parcial o totalmente justificada, puede que lo correcto sea reconocerlo privadamente a los críticos, dándoles nuestras gracias. Pero de ningún modo debemos exhibir una posición airada o intenciones punitivas.”
Lo que debemos reconocer ahora es que nos alegramos mucho de algunos de nuestros defectos. La ira farisaica puede resultarnos también muy agradable. De una manera perversa puede causarnos satisfacción el hecho de que muchas personas nos resultan molestas
porque esto nos proporciona un confortable sentimiento de superioridad.
Pruebas Constructivas
Hay aquellos en A.A. a quienes llamamos nuestros críticos "destructivos". Ellos desean imponer su punto de vista, politiquear, hacer acusaciones para lograr sus fines – todo, ¡por supuesto!, por el bien de A.A. Pero hemos aprendido que estos individuos, no son necesariamente destructivos.
Debemos escuchar cuidadosamente lo que dicen. A veces ellos están diciendo toda la verdad; otras veces un poco de la verdad. Si estamos a su alcance, la verdad, la verdad a medias, o inclusive algo muy lejos de la verdad, puede ser igualmente desagradable para nosotros. Si ellos están diciendo la verdad total o aun sólo parte de la verdad, entonces es mejor que les agradezcamos y sigamos con nuestros propios inventarios, admitiendo que estábamos equivocados. Si se trata de cosas absurdas, podemos ignorarlas. O podemos tratar de persuadirlos. Si esto nos falla, sentimos mucho que estén tan enfermos que no pueden escuchar y podemos tratar de olvidar por completo el asunto.
Es difícil hallar medios mejores para autoanalizarnos y para desarrollar la paciencia, que las pruebas a que aquellos hermanos, generalmente bien intencionados pero equivocados, a menudo nos someten.
Responsabilidades Individuales
Volvemos a insistir en que la repugnancia que sentimos hacia la lucha entre nosotros o contra cualquier otro, no debe considerarse cm virtud especial que nos haga sentir superiores a los demás. Tampoco quiere eso decir que los miembros de A.A. vayan a rehusar cumplir sus obligaciones individuales como ciudadanos. En esto, deben sentir la completa libertad de obrar como les parezca correcto sobre los asuntos públicos de nuestra época.
Pero en cuanto se refiere a A.A. considerado como un todo, eso es algo diferente. A ese respecto rechazamos los intentos de hacernos entrar en controversias públicas, porque estamos seguros de que nuestra Sociedad perecerá si así lo hacemos.
Crítica Bienvenida
"Muchas gracias por su carta de crítica. Estoy seguro que si no hubiera sido por sus fuertes críticas, A.A. habría hecho un progreso más lento.
"He logrado tener en alta estima a la gente que me ha criticado, ya sea que parezcan críticos razonables o irrazonables. Ambos a menudo me han refrenado de hacerlo peor de lo que hice. Los irrazonables me han enseñado, espero, a tener un poco de paciencia. Pero los razonables siempre han prestado un buen servicio a toda la Comunidad – y a mí me han enseñado multitud de lecciones valiosas".
Mantenimiento y Desarrollo
Es evidente que una vida en la que hay resentimientos profundos sólo conduce a la futileza y a la infelicidad. En el grado exacto en que permitimos que esto ocurra, malgastamos unas horas que pudieron haber sido algo que valiera la pena. Pero con el alcohólico, cuya esperanza es el mantenimiento y el desarrollo de una experiencia espiritual, este asunto de los resentimientos es infinitamente grave. Porque entonces nos cerramos a la luz del espíritu. La locura del alcohol regresa y volvemos a beber; y para nosotros beber es morir.
Si íbamos a vivir, teníamos que estar libres de la ira. El mal humor y la ira repentina no eran para nosotros. La ira puede ser un dudoso lujo para personas normales, pero para los alcohólicos estas cosas son veneno.
ALCOHOLICOS ANÓNIMOS, pág. 62
Enfrentarse a los Resentimientos
El resentimiento es el ofensor número uno. Destruye más alcohólicos que cualquiera otra cosa. De éste se derivan todas las formas de
enfermedad espiritual, ya que nosotros hemos estado no solamente física y mentalmente enfermos, sino también espiritualmente. Cuando es superado el mal espiritual, nos componemos mental y físicamente.
Cuando tratamos los resentimientos los escribimos en un papel. Hicimos una lista de personas, instituciones o principios con los que estábamos molestos, y nos preguntamos el porqué. En la mayoría de los casos se descubrió que nuestro amor propio, nuestra cartera, nuestras relaciones personales (incluyendo las sexuales) estaban lastimados o amenazados.
* * * * * "El escribir la más acalorada carta puede servir como una válvula de seguridad muy efectiva - con tal de que tengas cercana una papelera".
1. ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, pág. 60
2. CARTA, 1949
La Dominación y la Exigencia
Un factor primordial que no logramos reconocer, es nuestra total incapacidad para establecer una verdadera asociación con otro ser humano. Nuestra egomanía constituye dos abismos muy peligrosos; o bien insistimos en dominar a las personas que conocemos, o llegamos a depender exageradamente de ellas.
Si nos apoyamos demasiado en otra persona, tarde o temprano acabarán por fallarnos, puesto que, como seres humanos, no podrán acceder perpetuamente a nuestras incesantes demandas. De esta manera nuestra inseguridad crece y se acelera.
Cuando habitualmente tratamos de manipular a los demás para que actúen conforme a nuestros deseos, acaban por rebelarse y resistírsenos vigorosamente. Cuando esto acontece, se hieren nuestros sentimientos, nos creemos perseguidos y desarrollamos el deseo de venganza.
* * * * *
Mi dependencia significaba una exigencia – la exigencia de poseer y controlar a la gente y a las circunstancias que me rodeaban.
DOCE Y DOCE, pág. 56
GRAPEVINE, Enero de 1958
Hacer Frente a la Ira
Pocas personas han sufrido más por los resentimientos que nosotros los alcohólicos. Un arranque de cólera podía echar a perder un día, y un resentimiento bien fomentado podía hacernos miserablemente inefectivos. No tuvimos nunca la destreza para distinguir la ira justificada de la que no lo era. En nuestra opinión, siempre era justificada. La ira, ese lujoso ocasional de personas más equilibradas, podía mantenernos indefinidamente en una alteración emocional. Esas "juergas en seco" a menudo nos conducían directamente a la botella.
* * * * *
Nada tiene más recompensas que la moderación en lo que hablamos o escribimos. Debemos evitar la crítica irascible y la discusión imperativa y frenética, así como el mal humor y el desdén silencioso. Estas son
trampas emocionales incitadas por el orgullo y la venganza. Cuando nos tiente el señuelo, debiéramos prepararnos para recapacitar y pensar. No podemos ni pensar ni actuar con buenos resultados mientras el hábito del autodominio no sea automático en nosotros.
DOCE Y DOCE pág. 97 pág. 98
268
Esa Gente
"Al igual que tú, a menudo me he considerado víctima de lo que otra gente dice y hace. No obstante, cada vez que confesaba los pecados de tales personas, especialmente aquellas cuyos pecados no correspondían exactamente con los míos, me parecía que no servía sino
par empeorar el daño. Mis propios resentimientos y lástima de mí mismo me convertían a menudo en casi inútil para los demás.
"Por eso, hoy día, si alguien habla de mí de manera que me hiera, me pregunto en primer lugar si hay algo de verdad en lo que dice. Si no lo hay, trato de recordarme que yo también en varias ocasiones he hablado amargamente de otras personas; que este chismorreo hiriente no es sino un síntoma de nuestra enfermedad emocional; y que no debo nunca enojarme con la irracionalidad de gente enferma.
"Bajo circunstancias muy difíciles, he tenido que disculpar repetidas veces a otras personas – y a mí mismo. ¿Has tratado recientemente de hacer esto?".
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