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  • Consulta : 118602
  • Autor : raulcadena
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  • Autor
    Respuesta No: 229789

  • raulcadena
    ABOGADO LABORAL


    (Visita mi oficina)

    Garovalo, en ningún momento te sugerí que les des una a cogida a los pseudo varones que sienten ñañaras en donde la columna cambia de nombre; antes bien, por el contrario, enaltezco tu posición de repudiar las desviaciones sexuales de quienes, contra natura, pretenden que se les reconozca un derecho que la propia vida les ha negado.

    Y pensando en actos discriminatorios, sería bueno entonces, para no incurrir en respuestas incomodantes, presentar ante el Congreso de la Unión una serie de iniciativas de ley a fin de que se deroguen diversos cuerpos de leyes, entre los que se me ocurre, podría encontrarse el Código Penal Federal y sus similares de los Estados de la República, pues partiendo del punto de vista del señor Alberto Serna, y considerando que se encuentra secundado por la Conapred, es incuestionable entonces que resulta discriminatorio privar de la libertad a una persona, simplemente porque sus preferencias respecto la propiedad, son diferentes de las que Institucionalmente se consignan en la codificación civil; o porque sus predilecciones en cuanto al respeto a la vida y la integridad de otros, sean distintas de lo que el buen común señala; o cuando difiere del contenido de las normas jurídicas, en lo que hace a todas y cada una de las instituciones que tutelan los distintos bienes jurídicos de las personas.

    Así, cada quien podrá hacer lo que se le pegue su ch in ga da gana, y los demás deberemos aceptarlo y ser tolerantes, a fin de no incurrir en discriminación respecto sus muy "respetables" preferencias, en pocas palabras, es mejor el estado de anarquía, que el estado de derecho, sea este natural, civil, penal, o de cualquier índole.

    Y no he perdido el juicio, simplemente, si vivir en sociedad conlleva el respeto de una serie de normas que deben ser acordes con la propia condición humana, deberemos de aceptar que, incuestionablemente, esa condición humana está regida por las leyes de la naturaleza, y hasta donde yo tengo conocimiento, solamente existen dos sexos: masculino y femenino, y cualquier postura contraria, constituye una aberración sexual, sin que pueda ser justificada bajo el argumento de preferencias sexuales diferentes.

    No debe pasarse por alto que, desde que el ser humano empezó a dictar normas para regir la vida en sociedad, siempre han existio personas que no solamente no las acatan, sino que van en contra de ellas: ladrones, asesinos, y delincuentes de mala cepa; sin embargo, ellos no pueden decir que por ser penados al atentar en contra del orden natural, se les discrimine; lo mismo debe ocurrir con quienes presentan predilección sexual distinta a la que la propia naturaleza ha distinguido al hombre: varón y mujer, que finalmente, en aras de cumplir con la función de la diferenciación sexual, ha permitido la perpetuación de la especie.

    Y la naturaleza no se equivoca; por tanto, no es producto de ésta, ni la homosexualidad ni el lesbianismo, ya que ambos casos, generalmente son productos de mentes enfermas; de espíritus aberrantes, de almas pervertidas, que sólo ven su propia satisfacción, sin considerar el daño que con su conducta causan, perjuicio que, finalmente, se les revertirá, a pesar de que cuenten con apoyos de legisladores con idénticos caracteres, pues la norma jurídica, cuando es contraria a la natural, termina por ceder ante la apabullante contundencia de ésta.